De los humildes hogares, una luz de santidad

 

En el mes de mayo, nos reunimos para celebrar la Realeza de María, nuestra amada Madre y Reina. Este título no es meramente honorífico, sino que refleja su excelencia, virtud y la singularidad de su relación divina. María es una verdadera Reina, proclamada por el mismo Ángel Gabriel como "llena de gracia" y madre del Rey de reyes, Jesús. Su maternidad divina la eleva a un lugar de honor y poder.

 

Contemplamos a María como Reina por derecho de conquista, ya que su Hijo, Jesús, mediante su Pasión y Muerte, rescató a la humanidad del dominio de Satanás. María estuvo presente en el Calvario, compartiendo el sacrificio redentor de Cristo y participando de los frutos de la Redención. Su papel como Reina se forjó en la entrega total de sí misma en un acto de amor y sacrificio supremo.

 

Cuando nos acercamos a María como Reina, experimentamos una profunda paz interior y renovamos nuestro amor y devoción hacia ella. La imagen de María coronada y sentada en un trono nos inspira a rendirle homenaje y a ofrecerle nuestro corazón y nuestra vida. Reconocemos su poder y autoridad, pero también su ternura y compasión de Madre. Que el reinado de María sobre nuestros corazones y mentes nos guíe hacia la verdad y el bien, y que podamos seguir su ejemplo de amor y entrega total a Dios.